Una fotografía no es sólo un documento, es también el resultado de un acto social. Las condiciones de su creación implican dinámicas de poder entre quien toma la foto, quien yace ante la cámara y quien observa. Entonces, ¿cuál es la frontera donde la fotografía se vuelve un acto violento? ¿Qué implica usar la cámara en contra de la voluntad de la persona retratada y diseminar su imagen sin su consentimiento? Retrato involuntario es un recorrido por geografías y tiempos que estudia el género de las fotografías no deseadas. Combinando escritura visual, ensayo literario e investigación histórica, aborda cómo la fotografía puede transformar el gesto documental en una forma de violencia.
«Marina Azahua se encuentra con las imágenes: les hace preguntas inquietantes, se sorprenden juntas, se persiguen, forcejean, no se dejan atrapar. A veces parece que se mete en ellas de cuerpo entero, con todo el riesgo que eso implica. Qué sugerentes y lúdicas son las miradas que despierta. Quiero leer todo lo que ella escriba». Valeria Mata
Marina Azahua